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NYDIA PALACIOS VIVAS: "Rubén Darío y la melancolía"

Rubén Darío, melancólico capitán de la gloria se llama el libro escrito por la especialista en Literatura Hispanoamericana Nydia Palacios Vivas (Masaya, Nicaragua).
Una nota de Delfina Acosta
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A veces, uno se pregunta qué más se puede escribir sobre Rubén Darío, pues cuántos libros, cuántos elogios ha inspirado el auténtico inaugurador de la modernidad poética en lengua española, según Alberto Acereda.

Pues sí, siempre se puede y se debe escribir algo más sobre un genio que fue admirado, vilipendiado, caricaturizado, imitado. Rubén Darío, el grande, sufría de poesía y también de melancolía. Sepa el lector que el autor de Prosas profanas y otros poemas conoció a su madre, Rosa Sarmiento, por intermedio de una vecina. Su primera esposa falleció siendo aún muy joven. La muerte de sus hijos taladró su espíritu. Y sí, Rubén Darío se dio a la bebida. Encontró en ella un escape, un refugio.

Se lee en el texto, abundante en citas, por cierto, que la melancolía del poeta se originó en su entorno familiar, en el innegable erotismo de su creación poética y el paso del tiempo.

Es casi una constante el término melancolía en la obra del vate nicaragüense. “... Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;/ a veces me parece que el camino es muy largo,/ y a veces que es muy corto.../ Y en este titubeo de aliento y agonía,/ cargo lleno de penas lo que apenas soporto/ ¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?”.

Él creó, se diría, el ritmo, la belleza, la esencia del arte.

Inútilmente algunos escritores, fungiendo de críticos literarios, quisieron echar arena sobre su obra. No hicieron con tales despropósitos más que avivar la llama de su nombre.

Un poeta argentino muy conocido por su grandeza creativa, Leopoldo Lugones, lo admiraba y lo tenía por maestro. Ambos vates mantenían una amistad profunda. Y ambos estaban sellados por el dolor.

El argentino Jorge Luis Borges lo llamó “El Libertador”. Pablo Neruda y Federico García Lorca dijeron en torno a su descomunal estatura poética: “El poeta que cantó más alto que nosotros”.

Y ya queda todo dicho, ¿verdad?

27 de Noviembre de 2011


2 comentarios:

  1. Bien dicho, Delfina, pero todo no está dicho. España no aprendió mucho de Darío respecto a las corridas de toros. Darío escribió un hermoso poema titulado: La Gesta del Coso, ignorado por las antologías poéticas, en donde nos hace sentir la tragedia del toro y la infamia del hombre, no sólo el verdugo armado de espada, sino que la cruel muchedumbre que aplaude sus gestas “heroicas”. El poema habla de la impotencia del buey y el martirio del toro, ambos victimas de la perversión humana. Darío fue quizás el único grande poeta que sintió el sufrimiento del animal. Lamentablemente, otros como Lorca, Picasso, Hemingway, aplaudieron al verdugo.

    Así como la muchedumbre romana aplaudía las muertes de los gladiadores y el sacrificio de los cristianos devorados por los leones. De qué sirve escribir “hermosos” poemas si somos miserables por dentro? Por lo menos Neruda, un ejemplo de poeta miserable y cobarde, admitió que Darío cantó más alto que él. Miserable porque siendo Cónsul de Chile, dejó abandonados a los anarquistas y trotskistas españoles republicanos que se habían refugiado en la Francia de Vichy, y dejó montarse al barco “Winnipeg” sólo aquellos que pertenecían al Partido Comunista estalinista. Resultado de esta discriminación ideológica infame, muchos de esos españoles terminaron en el campo de concentración de Mauthausen, cerca de Viena.
    Cobarde porque cuando Neruda se percató de las atrocidades de Stalin guardó silencio. La lucha continua. Pero su lucha, la de conseguir el Premio Nobel. Otra infamia del mundo de la Literatura, hecho de intrigas y confabulaciones, puesto que los poetas y escritores auténticos, como Darío, Machado, Jorge Guillén, Ezra Pound, Rilke, Kafka, Joyce, René Char, Artaud, Borges, Cortázar, Sábato, Mayakovski, Roque Dalton, y otros, nunca fueron galardonados, porque esa nunca fue su meta. Además Neruda era antisemita y racista (despreciaba a la raza Negra)

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  2. Así como la muchedumbre romana aplaudía las muertes de los gladiadores y el sacrificio de los cristianos devorados por los leones. De qué sirve escribir “hermosos” poemas si somos miserables por dentro? Por lo menos Neruda, un ejemplo de poeta miserable y cobarde, admitió que Darío cantó más alto que él. Miserable porque siendo Cónsul de Chile, dejó abandonados a los anarquistas y trotskistas españoles republicanos que se habían refugiado en la Francia de Vichy, y dejó montarse al barco “Winnipeg” sólo aquellos que pertenecían al Partido Comunista estalinista. Resultado de esta discriminación ideológica infame, muchos de esos españoles terminaron en el campo de concentración de Mauthausen, cerca de Viena.
    Cobarde porque cuando Neruda se percató de las atrocidades de Stalin guardó silencio. La lucha continua. Pero su lucha, la de conseguir el Premio Nobel. Otra infamia del mundo de la Literatura, hecho de intrigas y confabulaciones, puesto que los poetas y escritores auténticos, como Darío, Machado, Jorge Guillén, Ezra Pound, Rilke, Kafka, Joyce, René Char, Artaud, Borges, Cortázar, Sábato, Mayakovski, Roque Dalton, y otros, nunca fueron galardonados, porque esa nunca fue su meta. Además Neruda era antisemita y racista (despreciaba a la raza Negra)

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